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Por la mañana, rumbo al trabajo tuve que frenar de repente para evitar matar a un gato negro que de la nada cruzó la calle. Nadie lo hubiera notado, sólo una anciana; sin embargo, los ancianos terminan siendo nada. Lo mejor es que el gato negro se hubiera muerto.

Hace unos días entendí que no bastaban los rituales de año nuevo cuando la esperanza y las ganas se han marchado. Antes de haber cogido la maleta y haber dado doce vueltas como estúpido debi coger un poco de fuerza para mirar la vida. Entendí también que para emprender una dieta más que una nutriológa basta tener un poco de amor propio.

¿Dónde está el error?, ¿por qué escogi está vida?, ¿por qué amo como amo?. A veces quisiera marcharme, que la vida se detuviera y esperar a que el mundo cambie. Deje de estudiar Literatura Dramática y Teatro porque no era bueno en eso y el futuro era incierto, sin embargo, soy el mejor actor de una historia sin guión. Estoy harto de la farsa, de la hipocresía, de fingir, de ocultar.

Lo mejor es que el gato negro muera y que, sea su última vida.

Es año nuevo, en lugar de estar cenando pavo, lomo y spaguetti, estoy creando un blog.

Mis padres se han ido con unos amigos, una de mis hermanas con su novio y a la otra le ha tocado celebrar con su adorable suegra. ¿Y yo?, yo soy un gay que ha decidido quedarse solo para hacer rituales de fin de año con la esperanza de que el próximo tenga un lugar agradable a donde ir sin parecer un arrimado. 

No cené nada especial, sólo un paquete de galletas Ritz con queso fresco y un poco de salsa ‘taquera’. De cualquier forma, en unas horas empezaré  una dieta rigurosa.

Yo soy el gato negro, el de la mala o buena suerte, el de la prosperidad, el impuro. El que no aprendió a jugar y el que se olvidó de soñar. Un gato negro que va directo a cazar.

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